
Siempre que obedecemos a Dios, lo hacemos por amor mas nunca por temor. El obedecer trae bendiciones y el desobedecer trae consecuencias no castigos de Dios.
Aprenderemos de la Palabra de Dios que el futuro cierto de la obediencia es algún bien y el futuro cierto de la desobediencia es algún mal. Nosotros le obedecemos a Dios tranquilos, confiando en que eso le agrada y como quien
no quiere la cosa -pero ciertamente queriendo la cosa- recogemos beneficios.